“Nadie”, ¿una oda al ateísmo o a la espiritualidad?

Luego de casi una década, Alfonso Espriella lanza nuevo álbum. Con un sonido que se puede reconocer de otros trabajos discográficos, esta vez el tema es la búsqueda de lo sagrado y la experiencia de dios.

Por Alexander Múnera Restrepo

Dicen los que saben que la modernidad (del siglo XV a principios del XX) se distingue por el reconocimiento de la razón, es decir, ya las respuestas no provienen de dios, sino del método científico y de esa famosa frase que dice “el ser es la medida de todas las cosas”.

La posmodernidad (mediados del siglo XX hasta nuestros días) en cambio, es como un despecho de la modernidad, una desilusión, un desencanto… Debido a que la experiencia empieza a mostrar que el progreso (o al menos lo que se entiende por progreso en occidente) no garantiza el bienestar de la sociedad, por el contrario, se aprovechan los adelantos tecnológicos para la destrucción, tanto así, que luego de las dos guerras mundiales, se afirma incluso que la humanidad perdió la razón.

Surge entonces un mundo del que no tenemos seguridad de nada y empieza una era individualista y de desconfianza, que direcciona al hombre a partir de sus propias emociones, lo que se siente es la única verdad.

Alfonso Espriella presenta su nuevo disco titulado Nadie

Este recorrido que la humanidad ha trazado por siglos, no solo se puede rastrear en la historia del mundo, cada uno de nosotros también lo ha hecho y de acuerdo con su devenir personal, está en cualquiera de esos tiempos, incluso algunos se quieren devolver a la edad media. Alfonso Espriella, cantautor bogotano, en sus dos álbumes más recientes: “Todo empieza ahora” (2017) y “Nadie” (2026), al parecer hace un trayecto similar; pero iniciando en la posmodernidad y terminando en la modernidad.

En el disco de hace 9 años, se puede hacer una lectura a partir de la premisa de que los seres humanos aprendemos de los miedos y las derrotas, que el mundo no se acaba por un duelo y que por muy oscuro que se vea el panorama, si seguimos caminando, el sol volverá a salir; mejor dicho, “no hay mal que dure cien años”, como reza el adagio popular. Espriella le da pues, un voto de confianza al ser, al hombre y su poder de resiliencia.  

En el disco que presenta este año, si bien los temas siguen siendo existenciales, Alfonso se enfoca más en la relación con lo sagrado o la experiencia de dios. Quizá algunos se confundan y entiendan la obra como una negación o liberación de lo sacro; no obstante, lo que el cantautor parece estar sugiriendo es, que las respuestas de lo sagrado o existenciales no se encuentran en el afuera, y más bien, a partir del encuentro con uno mismo, se puede hallar eso que se busca, en el adentro.

Pero ojo, que tampoco se piense como un disco ateo, es van bien una mirada a otras expresiones o búsquedas interiores que quizá fueron contestadas en otros preceptos, tal vez derivados de culturas como el budismo. No es gratuito que tenga canciones con títulos como Satori, Olas del samsara o Yoganjali, todos conceptos procedentes de doctrinas orientales.

A lo largo de la discografía original de Alfonso Espriella (Trazos de ser, Ánima, Somos estrellas, Todo empieza ahora, Nadie), se puede rastrear un interés por lo existencial y la búsqueda de respuestas a través de muchos estadios y elementos, como el agua, la tierra o el mismo universo, con las estrellas como guías. Este músico capitalino, lleva por lo menos 20 años preocupándose por el ser, y en este nuevo disco, nos invita a abandonar el ego, las culpas y el pasado, para liberarnos siendo Nadie.

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