En su libro Nace música la noche, Alex Jiménez evoca la relación íntima y profunda entre la noche y la música.
Por: Felipe Sánchez Hincapié
Existe una amplia cantidad de palabras para definir la noche, que si las mencionamos nos tomaría toda la vida: misterio, bohemia, magia, fiesta, baile, intimidad, calma, nostalgia, soledad, sueño, insomnio…
Pero también es literatura y música. Eso queda manifiesto en Nace música la noche, un libro escrito por Alex Jiménez en el que, a través de doce cuentos, se evoca esa relación cercana y profunda entre la noche y la música.

Publicado por Angosta Editores en 2025, y ganador de la convocatoria Estímulos a la Creación de la Alcaldía de Medellín, este libro surgió después de que su autora leyera el cuento «Romance negro» del escritor brasileño Rubem Fonseca, compartido por Angosta en su sitio web para ser descargado de forma gratuita durante la pandemia de COVID-19, un momento de incertidumbre donde muchos encontraron refugio en las historias.
“Cuando leí ese cuento quedé muy sorprendida con lo que lograba el autor y lo que me gustó fue la presencia, muy fuerte, de la noche —muchos acontecimientos importantes ocurren de noche en ese cuento—, y el hecho de que hubiera un conocimiento tan profundo en torno a la tragedia griega y la novela policiaca que lo hacía parecer un ensayo. Entonces me pregunté sobre qué podría yo hablar de manera casi ensayística y supe que podía ser la música, porque era un tema del que he transitado y vivido muchas cosas”.
Fomseca fue un chispazo en la oscuridad y, bajo su influjo, Jiménez escribió los dos primeros cuentos de la serie: «Preludio en do menor» y «La maldita primavera». Al terminarlos, decidió escribir el resto de historias manteniendo una misma premisa: la noche como eje central, con la música presente en cada una de ellas.

“Son cuentos que exploran sensaciones, a veces muy personales, sobre canciones o piezas sonoras. Pero también hice exploraciones un poco más cerebrales, por decirlo de alguna manera, como en el cuento «Bolero», para el que deliberadamente me basé en el Bolero de Ravel y lo que leí sobre el bolero latinoamericano; digamos que es un cuento en el que ya ocurre una construcción que también pasa por el cuerpo, pero nace más desde lo cerebral. Y creo que en todos, o en la mayoría de los cuentos, respira un halito místico, un deseo de plenitud con la divinidad. Porque creo que, a la larga, la música ha sido eso y seguirá siéndolo”.
Esa decisión no fue fortuita. Para ella, la noche es “receptiva, mágica y está relacionada con el territorio vastísimo e infinito de lo inconsciente”. De hecho, su trabajo creativo ocurre en la noche y, así sea de día, ella necesita hacerse noche, porque es así como mejor le fluyen las ideas. “Para mí, como escritora y persona, la noche es el misterio que encarno y me habita, en cierta forma, cuando creo. Dejo que pase por mi cuerpo y se convierta en texto, canción, en un montón de cosas”.
Por eso, en Nace música la noche, la noche no es un simple periodo de tiempo, sino una forma de mirar, sentir y vivir, mientras la música marca el rumbo de las historias, detona recuerdos y, como un espejo, revela las luces y sombras de sus protagonistas.
La estructura de los cuentos no es lineal, sino que va en crescendo. El tiempo se trastoca como en una sinfonía del caos, hasta que, de repente, aparece el silencio para no solo marcar una pausa, sino escuchar aquello que el ruido ocultaba.
Además, todos tienen como epígrafe una partitura de una pieza sinfónica y un fragmento de una canción. Lo culto y lo popular, que siempre han estado en tensión, aquí se reconcilian y por eso no es raro sentir la cadencia de la música clásica, pero también la crudeza del punk, la melancolía del grunge, la sensualidad del bolero y la pasión de la balada.
No hubo ningún criterio en la escogencia de las canciones, más allá del gusto y lo que estas producían en la escritora. Sin embargo, para el cuento «Bolero», que trata sobre una pareja de ancianos y cómo su relación se mantiene en el tiempo, ella sí tuvo claro desde el principio que este género iba a trazar el hilo conductor de la historia y por eso eligió como epígrafe uno de sus boleros favoritos: “Triunfamos” de Los Panchos.
“A veces escribía primero el cuento y luego pensaba en alguna canción en la que hubiera algo con qué relacionarlo. O a veces la canción era de donde partía. Entonces, por ejemplo, en el cuento «Huesos temporales» hay un epígrafe de Pink Floyd: ya el cuento estaba escrito y tenía claro de qué iba, pero aún no sabía qué epígrafe iba a poner. Recordé esta canción de Pink Floyd que se llama “Echoes” y pensé que sería un buen epígrafe para seguir con la estética y la idea de poner a conversar narración, música culta y música popular”.
Los personajes de Nace música la noche resaltan por su intensa humanidad. La mayoría son músicos, seres bohemios que transitan la noche como la palma de su mano, pero que también pelean con sus demonios y, pese a las dificultades, no desisten en su labor de crear. Eso, en una sociedad que hoy en día le rinde culto al éxito, es, si se quiere, una declaración de principios, porque Alex Jiménez los retrata como seres sensibles que, ante la asfixiante monotonía, deciden irse por otro camino, algo que han hecho los grandes artistas a lo largo de la historia.
“Creo que entregarnos a cualquier ejercicio artístico de cualquier tipo, sea literario o musical, nos pone ante la misma situación que cualquier gran creador de todos los tiempos. No importa la calidad de lo que hagamos: el hecho de que estemos detrás de esa búsqueda espiritual, intelectual y creativa, nos pone en la misma situación de esos grandes creadores. En ese orden de ideas, el éxito era irrelevante para lo que pretendía narrar; era algo externo a esa situación y me interesaba sobre todo la situación. En algunos casos, el éxito podía o no ocurrir, pero era irrelevante. En otros, sí ocurría, porque el personaje tenía una visión de éxito diferente a la que tenemos en nuestra cultura. Entonces, creo que me interesaba, sobre todo, esa comunión con asuntos muy profundos, más allá de que fueran o no exitosos hacia afuera”.
No es gratuito, entonces, que Alex Jiménez se defina a sí misma como una “sustancia hibrida de literatura y música”. Aparte de publicar los libros Concierto pagano e intermedio místico (Kathartes Editores, 2011), Fiesta en el temor (Sílaba Editores, 2015) y Las pulgas de Leviatán (Tragaluz, 2020), en 2020 lanzó el álbum Modelo para armar con su proyecto musical El pulpo y la Naveplaneta.
Esa mezcla se debe a que ambas expresiones “reflejan lo que somos e imaginan lo que podríamos llegar a ser”, aparte de que se vinculan con nuestro consciente e inconsciente. De ahí que ella se mueva en dichos terrenos sin problema alguno, ya que a través de sus creaciones literarias o musicales busca conectar con sentimientos más profundos, aparte de hacer más llevadera su vida.
La música ha sido una fuente de inspiración para muchos escritores, ya sea porque se basan en la letra de una canción o toman un género específico para convertirlo en un elemento más de sus historias. En el caso de Alex Jiménez, ella prefiere no quedarse con lo obvio: en lugar de la letra, se enfoca en las sensaciones que le provoca la música y las toma como punto de partida para escribir.
“Incluso, si no hay letra, me parece un ejercicio que puede generar historias muy interesantes porque ya no dependen de lo que te predispongan las palabras, sino de la interacción de tu sensibilidad con los sonidos. Y esto puede aprovecharse para contar historias que no dependan tanto de una idea principal e ideas secundarias, o de un personaje tal o del otro, sino de asuntos más misteriosos, menos comprensibles o menos catalogables dentro de lo que entendemos por razón. Siento que la música puede ser una forma muy interesante de sacar algo que esté más allá de lo que podemos percibir de manera consciente, y creo que es posible entregándose a ella desde un lugar distinto al que propone la letra”.
Tan entregada está Alex Jiménez a la música, que ya tiene lista una novela corta en la que este arte ocupa un lugar central, al tiempo que escribe una serie de ensayos sobre los cruces entre música y literatura. No tiene afán por terminarlos: cada tanto vuelve a ellos para agregarles un párrafo, un dato, una cita o la letra de una canción que dialogue con sus ideas. Pero la música siempre está ahí, y mientras Nace música la noche poco a poco cultiva una legión de lectores, ella seguirá creando historias que se leen y escuchan como canciones.
“En este momento hay una necesidad de explorar eso, porque es algo que ha estado a lo largo de mi vida. En los libros que he publicado previos a Nace música la noche no es tan evidente la música, entonces creo que ahora es como una especie de desquite. Aunque no sé si la palabra adecuada sea desquite —Jiménez piensa unos segundos y continúa—. Es hacerle justicia a la relación que he tenido, tan profunda, con la música casi toda mi vida. No, yo creo que toda mi vida”.
Si quedaste con ganas de leer Nace música la noche, te compartimos estas listas de reproducción divididas en un lado A, con las canciones de los epígrafes, y un lado B, con las canciones mencionadas a lo largo de los cuentos:
Lado A: https://www.youtube.com/playlist?list=PLNE5IZofS0IrR_SWzc6dEic0FzYL1_eAY
Lado B: