12 y 13 de septiembre en el Parque Simón Bolívar de Bogotá. Llega el Festival Cordillera y estos son algunos himnos esenciales de esta quinta edición.
Francisco Ortiz. Colaboración especial para HagalaU
Virus. Luna de miel en la mano. (1985). Decidiendo decir las cosas como eran sin temor alguno, ya fuera por preferencias sexuales, confrontaciones con la ley o por tocar en lugares prohibidos, VIRUS en la época de los ochentas llegó a ser tan transgresor en su natal Argentina, como tan influyente en agrupaciones como Soda Stereo, Babasónicos o Miranda!
Ni noches interminables en las comisarías del país gaucho ni controversias como “ser homosexual era parecido a ser asesino serial” declaraciones como las su líder de casi cinco décadas Marcelo Moura -refiriéndose a su hermano y fallecido vocalista Fernando- al portal Pólvora recientemente, los detuvieron de ser aclamados con su triunfante quinto álbum “Locura”, del cual fácilmente tocan 7 u 8 canciones en vivo en sus recitales.
En 2012, la edición argentina de la revista Rolling Stone declaraba este tema musical como “un claro ejemplo de ambigüedad y provocación, característicos del grupo musical”. “Tuyo, tuyo, luna de miel, luna de miel” estaremos todos al unísono cantando este hipnótico, provocativo y cadencioso himno del synthpop latinoamericano.

Poligamia. Mi generación. (1995). “Cuando ya me enamoraba las muchachas escuchaban disque rock en español. Y las bombas reventaban mientras tanto relataban una gran constitución” dice un extracto de la letra de esta autobiográfica canción. En sus líneas de describe la forma de como vivieron sus integrantes su infancia en nuestra patria colombiana en las dos décadas anteriores de haberse estrenado de “Mi Generación”. Habiendo nacido en 1990, los capitalinos se habrían dado el lujo firmar con Sony Music para lanzar su debut, impulsando así el movimiento pop rock nacional durante el fin del milenio.
Poligamia no solamente le inyectó nostalgia a sus letras, especialmente la de este himno noventero, sino también una pequeña dosis de crítica e incertidumbre a la vida en una época sin redes sociales pero llena de vitalidad y temor por igual.
Andrés Calamaro. Mil horas. (1983). El cantautor y multinstrumentista argentino Andrés Calamaro ha cruzado océanos y mares, trascendido épocas, gestado controversias y sinsabores, acumulado premios Grammy Latinos, Carlos Gardel y Konex, compuesto literalmente cientos de melodías, etc, y sin embargo sigue de pie con la actitud desenfadada y desafiante que solo un ícono de este calibre puede adquirir.
Y aunque sigue recibiendo galardones y elogios y ser aclamado por sus recientes álbumes, una canción de comienzos de los ochentas permanece indeleble en la memoria de cualquier persona que haya estado cerca de un radio hace ya casi medio siglo. La explosión del “Rock en tu idioma” o “Rock en Español” en Colombia, le permitió a “Mil Horas”, ideada por el Salmón y Marcelo Scornik en 1983 como miembros de Los Abuelos de la Nada, capturar en 2:48 la atención de cualquier amante de las emisoras latinoamericanas sin importar los géneros o encasillamientos d ela época.
Con infinidad de versiones en culturas tan diversas como las mexicanas, españolas y gauchas, Mil Horas es la madre de todas las infinitas composiciones del productor hispanoargentino, incluso VH1 Latinoamérica catalogándola en la posición número cinco de la lista de las 100 grandiosas canciones de los 80’s en español.
Grupo Niche. Cali Pachanguero (1984). Pocas canciones exaltan un territorio desde diversos ángulos y lo arropan en una sonoridad y amalgama entre elogio y ebullición: “Cali Pachanguero” es una de ellas. Extractada de su álbum “No Hay Quinto Malo” de 1984 solamente a cinco años de su creación, el Grupo Niche nació gracias a los inmortales Jairo Varela y Alexis Lozano.
Con más de una decena de músicos en tarima, los caleños son y serán una de las orquestas más relevantes y exitosas de la historia de la salsa. Y a pesar de que sus melodías románticas sean las más aclamadas por las ventas y la crítica, como “Una Aventura” y “Busca Por Dentro” de su vitoreada placa “Cielo de Tambores” de 1990 -posicionada en el lugar #21 en “Los 50 álbumes esenciales de la música latina de los últimos 50 años” de la revista Billboard-, este himno colombiano lleno de resiliencia y fervor asegurará el “azote de baldosa” inapelable en el parque Simón Bolívar.
Miguel Mateos. Obsesión (1990). Todos somos adoradores inclementes de increíbles músicos argentinos como Luis Alberto Spinetta, Charlie García, Fito Páez, Pedro Aznar y David Lebón, estos dos últimos haciendo presencia también en el Festival Cordillera como los sempiternos Serú Girán. Y también tenemos un espacio en nuestro agradecido corazón para Miguel Mateos, quien a sus setenta y dos años sigue siendo el jefe del Rock en Español desde el comienzo de la década de los ochentas.
Con cinco álbumes de estudio seguidos, más uno en vivo, entre 1982 y 1987, con su grupo Zas, dejó estandartes como “Tirá para arriba”, “Cuando seas grande”, “Mi sombra en la pared” y “Llámame, si me necesitas”. Y apesar de que usualmente decidirse a una carrera en solitario es bastante arriesgado, Miguel Mateos rompió fácilmente el molde y en 1990 sacaría “Obsesión”, disco y sencillo que lo catapultarían a incluso más fama y aceptación no solo en Latinoamérica sino también en Estados Unidos.
Grabado en el estudio Bossa Nova Hotel en Los Ángeles y producido por Michel Sambello, nominado a un premio Oscar y al Globo de Oro por “Maniac” en 1983 y destacada en la banda sonora de la película Flashdance, el disco destacaría también “Malos pensamientos” y “Tirar los muros abajo”. Pero no serían iguales de impactantes como la homónima “Obsesión”, tema que mezclaba un pegajoso ritmo bailable y vivaz, con influencia musical tanto como de unos Pet Shop Boys más veraniegos, como de unos Erasure más románticos. “Obsesión, obsesión, una burla del destino te puso en mi camino” nos adentra en una indestructible pasión y su extrema fijación llena de súplicas, provocaciones, anhelos y descontrol.
El sábado 12 de septiembre a las 10:45 p. m., viviremos la real tendencia de como luciríamos y bailaríamos como a finales de los ochentas. De pronto, no con la pinta, pero seguro que con el corazón en estado retro, sí.