¡Así vivimos el Festival Estéreo Picnic 2017! #Crónica

  • Vivimos 3 intensos días del Festival Estéreo Picnic 2017 y disfrutamos las bandas colombianas tanto como las internacionales: Totó la Momposina, Rancid, The Strokes, Árbol de ojos y The XX, entre muchos otros, nos emocionaron con sus historias hechas canciones. 23, 24 y 25 de marzo de 2017, 3 días que se quedan en el corazón.
  • Esta es nuestra crónica audiovisual del FEP2017, una crónica con alma punk, sin limitaciones, Do It Yourself, nos interesa narrar y construir, eso hace HagalaU.

Texto: El Señor Mágico  Video: Katerine Chavarriaga

Tres días de una fiesta fría y alternativa

No con música, sino con agua, comenzó la octava edición del Festival Estéreo Picnic, que es considerado por muchos como la fiesta más grande de la música alternativa en Colombia. Y es que hay oferta sonora para casi todos los gustos, desde los sonidos más fiesteros y bailables, hasta el punk rock.

A quienes madrugaron a hacer la fila o a ver el partido de Colombia vs. Bolivia -el jueves 23 de abril de 2017- en el Parque Deportivo 222 (donde se realiza desde 2013 el evento) les tocó mojarse mientras ingresaban, porque la fuerte lluvia duró por lo menos una hora. Sin embargo fue el único asomo de agua de la primera jornada.

Ya al ingresar el lugar, aunque frío por las gotas de agua aún frescas en el ambiente, se tornaba cálido y acogedor. Decenas de espacios dispuestos para interactuar con el festival, desde un mercado hippie hasta juegos dispuestos por diversas marcas vinculadas al recital, estaban ahí para ampliar la experiencia de los miles de asistentes, dando un valor agregado al componente musical que es para todos el motivo principal de estar ahí, a kilómetros de la ciudad, y que también permite tener otras actividades para hacer en los espacios que no estén disfrutando de los sonidos en vivo.

La música dio su inicio con sonidos hechos desde Medellín. Popstitute, la banda representante de la ciudad en este festín. Ellos, con su sonido cargado de sensualidad reflejado en sus letras, sus beats y su puesta en escena apoyada en gran medida en un juego de luces de colores cálidos, pusieron a bailar a quienes ya estaban bajo la carpa del escenario Motto, el designado según la curaduría para los sonidos más “alternativos” de cada jornada, a esas apuestas sonoras tanto nacionales como extranjeras que desde la organización se busca hacer año tras año.

En otro de los escenarios, y solo un minuto después que los sintetizadores de Popstitute dieran marcha a la fiesta, sonaría la distorsión psicodélica de Nanook el último esquimal, que encerraría en casi una hora de show la esencia sonora de las calles bogotanas, esas de la Caracas y la séptima.  A la llegada de la luna se unieron más bandas colombianas tocando en el Estéreo Picnic: Seis Peatones potentes en cada riff, que hicieron cantar y saltar a cada alma presente en la tarima principal desde la primera canción; Ságan con sus atmósferas creó un rito sonoro, de esos que se bailan lento. Cuando ya era totalmente de noche arribaron las primeras bandas internacionales a cada uno de los escenarios: Cage the Elephant emprendió desde las tablas un viaje guiado por las guitarras distorsionadas y atmosféricas, la banda tocó una a una todas las canciones que el público cantó como pudo y bailó como quiso; Rancid fue una hora llena de nostalgia punkie, que unió en un solo pogo a varias generaciones mientras el cuarteto californiano lo sonorizaba con los temas que hicieron parte de su época dorada de la década de los 90; The Weekend fue una postal sonora del presente de la música pop, donde todo estaba tan sincronizado y sonaba tan impecable que se echó de menos la adrenalina y el factor sorpresa (incluso para los mismos músicos) que es inherente al acto de tocar en vivo. Mención especial merece el recital de The XX, ya que durante hora y cuarto la magia descendió sobre el Parque 222, materializada en baladas interpretadas con dosis iguales de sentimiento y perfección. Esa noche (que ya era casi madrugada) cerró con un DJ set de los franceses Justice, en el que combinaron uno a uno cada hit.

Rock con alma blusera: Seis Peatones y sus riffs ardorosos en el FEP2017. Foto: Manuela Uribe.

Los sonidos el segundo día arrancarían más temprano, con un panorama musical del presente en la música independiente del país, desde los sonidos brit y shoegaze de Los Hotpants, pasando por el rock crudo de Árbol de ojos y Los Makenzy, hasta el diálogo entre el pacífico y las influencias universales presentes en Zalama Crew. Desde las cinco de la tarde y hasta casi las ocho de la noche, representantes de la escena nacional se tomaron todos los escenarios del Picnic.

Flume en vivo.  Luces y magia del sonido electrónico.  Foto: Camilo Rozo.   

La primera aparición extranjera en uno de los escenarios  sería por parte de los galeses Catfish and the Bottlemen, que sonaron directos, y contundentes con una formación básica como cuarteto de rock (dos guitarras, batería y bajo), logrando una conexión casi inmediata con el público que los esperaba para cantar y saltar en todas sus canciones. Luego arribaría, por primera vez en Suramérica, Silversun Pickups, quienes sufrieron las vicisitudes de un show en vivo, con fallos en el sonido y algunos percances técnicos, que sin embargo no impidieron que los cuatro californianos se emocionaran como niños sobre la imponente tarima principal, dejando en una hora de show una combinación de crudeza distorsionada y tenues atmósferas sintetizadas. La noche avanzaba, ya se iba preparando el ambiente para el acto principal de la jornada, Flume y su espectáculo electrónico fue observado por una gran audiencia que aguardaba a los newyorkinos comandados por Julian Casablancas, pero antes de escuchar el garaje rock que ayudó a cambiar parte de la concepción del rock contemporáneo, y en otro de los escenarios, se vivían como nunca las melodías de Two Door Cinema Club que, canción tras canción, fueron asumidas por miles de personas como himnos coreados con todas las fuerzas, ellos solo pudieron usar un tímido español para responder “muchas gracias” a todo ese cariño dejado en cada grito, que retumbaba en todos los rincones de la carpa que encerraba la magia de este escenario.

Julian Casablancas y su cátedra rocanrolera modelo siglo XXI. Foto: Camilo Báez. 

Llegó la media noche, y con ella la ansiedad reinaba en el ambiente, faltaban minutos para la salida de The Strokes, la banda más esperada según los usuarios de la app oficial del Festival. Cuando las luces se apagaron y fueron saliendo uno a uno los cinco Strokes, y tras asumir sus instrumentos, arrancaron con un show que recordó las raíces de aquel Is Ths It (álbum debut de la banda), que difícilmente se salió de su sonido garajero, en medio de un espectáculo sobrio, sin excesos o sorpresas, que dejó para muchos dudas respecto al entusiasmo escénico (lejos de ser un recital animado, se dedicaron a ser ellos mismos, buscando ser íntimos independiente que tuviesen decenas de miles de personas al frente esperando este momento por años) y en el que, por consiguiente, se echaron de menos algunos éxitos de sus discos más recientes. Luego del, para algunos, sinsabor vivido con el show más masivo de toda la octava edición, quienes quisieron algo de alegría se fueron para Caribou, en medio de un destello de genialidad sintetizada que, por momentos, se valió de lo orgánico para orientar el viaje al cierre de un viernes festivalero.

El sábado fue el día con más diversidad sonora de todos, en él confluyeron el rap, el ska, las fusiones que parten de los sonidos latinos (y, en sí mismo, los sonidos tradicionales), y diferentes corrientes de la electrónica. Un par de horas más allá del meridiano, los beats de Alí A.K.A. Mind cobraron vida en uno de los escenarios, y así comenzó una tarde completa de proyectos nacionales. En uno de los shows más memorables de todo el tercer día, la legendaria Totó la Momposina se presentó con toda su banda, alrededor de 10 músicos en escena, quienes dejaron atónito a todo el público que, a pesar de la lluvia, se quedó viéndolos como si aprendiesen una lección de cultura nacional. Todo su combo hizo una reivindicación al sonido tradicional colombiano, con tintes de modernidad y genialidad interpretativa en vientos, percusiones y guitarras. Esta hora de música, que sirvió además de transición entre el día y la noche, fue prueba contundente de que las raíces se pueden conservar y que, a pesar de las décadas, aún pueden poner a bailar a generaciones distantes.

¡No importó la lluvia! Lo único relevante para cada quien era construir su propio mundo, ¡un mundo distinto!

Nawal con su sonido reggae y dubstep que combina lo orgánico con lo electrónico (y que, quizás, tenía los bajos más potentes de todo el Festival), y Sublime with Rome, con su sonido reminiscente al ska punk californiano de los noventas, sirvieron como antesala para el baile que se prendería a base de tendencias electrónicas, propiciado por los shows de Deadmu5, Julio Victoria, Quantic, GusGus y Martin Garrix, sin dejar de lado el intermedio hip hop de Wiz Khalifa, en el que miles cantaron tanto sus canciones como sus colaboraciones famosas y memorables.

La noche y, en general, la octava versión del Festival Estéreo Picnic, tendría su cierre memorable con un show de pirotecnia de varios minutos, tiempo en el cual seguramente a más de una de las almas allí presentes le pasó por su cabeza cual película cada una de las postales sonoras vividas en tres días de fiesta alternativa, que no pudo aguar ni el pantano, ni la lluvia, ni el frío. Durante tres días, en una porción de terreno plano a las afueras de Bogotá, existió un lugar que permitió desconectar a miles de las realidades cotidianas y sumergirlos en lo que los organizadores de forma acertada decidieron bautizar, como Un mundo distinto.

Revivan con nosotros algumos momentos memorables del FEP2017.  Esta es nuestra crónica audiovisual, una crónica con alma punk, sin limitaciones, Do It Yourself, nos interesa narrar y construir, eso hace HagalaU: 

Fotos: Cortesía FEP2017. Tomadas del Facebook oficial del festival.

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